martes, 7 de agosto de 2012


Vuelve a caminar bajo la tenue 
luz de la noche, rodeada de gente,
aunque llena de soledad. Quería escapar, deshacer las cadenas que la unían a la realidad que tanto temía.
Sus ojos vidriosos miraban al un cielo oscuro y estrellado, que era lo único de su alrededor que no la irritaba. Pero los focos de coches le robaban el protagonismo a las luces nocturnas, y estropeaban la tranquilidad de aquel bello anochecer con sus latosos ruidos.
Y ella se entristecía al ver  como una espesa nube de humo la rodeaba, y la agobiaba.
Estaban acabando con ella, la belleza se estaba extinguiendo, y nadie parecía afectado.
Y vuelve a llorar, consumida por la angustia, por el miedo. Cada vez que respira traga mal estar. Inhala más desesperación que oxigeno.  Y ya no aguanta más. Esta será la última bocanada de contaminación que traga. Las últimas risas de gente hipócrita que escucha. 
Se va lejos de la realidad, cerrando los ojos, para siempre.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta lo que escribes..no ceses en tu empeño..un saludo!

Lucia's Box dijo...

Entristece,sí,y muchas veces te olvidas,yo misma me olvido,de cuanta belleza destruimos,y luego me dan ganas de dejar todo esto atrás.
Precioso relato,como siempre.

Lucia's Box dijo...

Entristece,sí,y muchas veces te olvidas,yo misma me olvido,de cuanta belleza destruimos,y luego me dan ganas de dejar todo esto atrás.
Precioso relato,como siempre.

M. dijo...

Tus palabras desprenden tanta verdad que consigas que odie al ser humano más de lo que lo hacía antes, si cabe. Pero también me haces pensar que no todos tienen la culpa, que hay niños que han sido educados así desde pequeños y no se dan cuenta de lo que hacen al mundo cuando hacen a sus padres llevarlos para acá y para allá en coche, o gente que respira humos que ni siquiera son suyos.
Creo que la chica de tu relato hizo lo mejor que podía hacer, por muy triste que fuera su final.
Un besazo y, por favor, nunca dejes de escribir.

M.

Elise dijo...

Realmente somos monstruos. Cuántas cosas preciosas destrozamos con prisas, humos u odio. Y cuántas risas vacías soltamos sólo para sentirnos mejor con nosotros mismos. Somos bastante absurdos.
A mí también me gustaría desaparecer y cerrar los ojos.

Genial. Saludos <3