lunes, 31 de diciembre de 2012

Anécdotas del bar de la esquina. PARTE II.

Estabas preciosa. Llevabas un gorro de lana con gracia sobre la cabeza, y tus ojos claros volvieron a hipnotizarme. Solo deseaba que llegase el momento de partir, de tenerte cerca, de descifrar tu enigma. Pedí otro whisky, y empezó a nublarme la vista. Pero yo te seguía mirando. Me preguntaba por qué narices no venias hacia mi, sintiéndote incomoda y observada. Por qué no me gritabas “¡Descarado!”, o algo así. Me pregunté también como sería tú voz. Poco quedaba para descubrirlo. Las doce.
El bar ya se estaba vaciando, apenas quedábamos solo tú y yo, y mi corazón retumbaba tanto que parecía salírseme del pecho, y mira que era difícil estando tan borracho como lo estaba esa noche.

Te levantaste. Y con delicados gestos te hiciste con un bastón que guardabas bajo la mesa. Un bastón blanco. Mi corazón dejo de latir con tanta inmensidad por un momento, y pareció pararse. Tú comenzaste andar, moviendo ese bastón de un lado para otro, manteniendo tus ojos verdes hacia el frente. Yo quedé paralizado, viéndote marchar. Pero no me malinterpretes, jamás deje de desear hablarte, ni un solo momento.
Entonces, me di cuenta de que no llevabas aquel misterioso cuaderno, y miré a tu mesa. Allí estaba, abierto de par en par. Rápidamente, me dirigí a la mesa, con la ilusión que suponía el conseguir una excusa para dirigirme a ti aunque tan ebrio me encontraba que me pareció chocar contra la mesa. Aun así recuerdo perfectamente la sensación que me provoco ver tú boceto. Se trataba de un dibujo de algo que parecía una ciudad. Era completamente gris, vacío. Transmitía una gran tristeza, pero a su vez, era admirable lo bello que era. Había edificios sin ventanas, un cielo sin sol, únicamente de niebla, niebla tan espesa que apenas dejaba ver nada más. Cerré el cuaderno, muy a mi pesar, y fui corriendo a devolverlo.
-¡Señorita! ¡Señorita!.-Grité. Y tú paraste en seco. Tu bastón me golpeó un pie. -Su cuaderno…-Y tú sonreíste, con el cigarro entre los labios.
-Muchas gracias, señor.-Tú voz sin duda fue lo mejor que había escuchado en meses. ¡Que tono tan suave!
-No es nada, tranquila.-Sonaba lento y torpe, y llegué a avergonzarme de mí mismo. Tú asentiste con delicadeza y comenzaste a andar, pero yo no quería acabar así.
-¡Señorita! ¿No necesita ayuda? El cielo está ya completamente oscuro y la noche es peligrosa.-Tú sonreíste irónicamente, y con un suspiro, respondiste entonces:
-Para mí siempre es oscura, caballero. –Volví a maldecir mi torpeza. –Y no debe preocuparse, recorro estás calles cada noche, y jamás he pasado miedo.
-Siento haberla ofendido.-Me disculpé, y entonces seguiste caminando, escuchando mis pasos muy cerca de los tuyos. 
La incomodidad de ese silencio era demasiado insoportable.

 -Señorita… Su dibujo.-Balbuceé ridículamente. –Era precioso. ¿Me permitiría volverlo a ver?.-Te paraste entonces en seco, y con un gesto de sorpresa me tendiste el cuaderno, y pude observar, con cierto horror mezclado con admiración, que todos esos paisajes inexistentes se parecían. En ninguno de ellos se podía apreciar líneas rectas, solo desorden. Un desorden precioso y melancólico.

4 comentarios:

Lorenzo dijo...

Pues lo mismo de siempre, fascinante. Consigues llegar a las personas, ya me gustaría a mi tener ese don igualmente. No sé si seguirá habiendo más anécdotas del bar de la esquina pero sería genial.

Isabel Robles Gómez dijo...

Me encantó como transmites, sigue así y llegarás a algo muy grande. Un beso y feliz año, www.smileandwomanocry.blogspot.com ♥

Lausaver dijo...

Un giro inesperado o_o me encanta...
me gustaría leer la 3º parte lo antes posible.

Lucia's Box dijo...

Leo esto y me lleno de...envidia, aunque me de un poco de vergüenza admitirlo, pero es que es increíble lo que haces.
Espero que sigas actualizando tan seguido.
Y feliz año :)